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miércoles, 12 de septiembre de 2012

Día 3




Después de ese larguísimo beso, que parecía no querer acabar nunca, nos quedamos mirándonos a los ojos, sin saber muy bien que decir ni que hacer, con la respiración entrecortada.  Pensé que era ella, la mujer de mi vida, ni siquiera la conocía pero, lo sabia, era ella.
En todas las historias de abuelos que conocieron a la mujer de su vida, siempre decía, la vi en tal sitio y supe que era ella, me parecía una estupidez, pero de repente cobro sentido.
-Hola, me llamo Jack- dije sonriendo.
Pero ella no respondió, me miraba como si algo no fuera bien.
-¿Puedo invitarte a tomar algo?- insistí
-Vale… por cierto me llamo Susan. – respondió después de una pausa.
La lleve a una cervecería, y la invité a una jarra de cerveza, poco a poco se fue normalizando la situación y empezamos a hablar. Era increíble, pensaba igual que yo en la mayoría de las cosas, aunque tenia 25 años. La conversación se fue alargando hasta que miró su reloj y dijo:
-Tengo que irme
-¿A dónde? –pregunté.
-Es muy largo de explicar pero… tengo que llegar a un sitio la semana que viene.
-¿Y que prisa tienes?  Una semana e mucho tiempo.-dije.
-Si, pero tengo que encontrar un sitio en el que dormir.-respondió.
-Si quieres puedes quedarte en mi casa, no creo que a mi madre le importe.
-Bueno… no tengo un sitio mejor… así que vale, gracias.

Y así la lleve a mi casa. 
Cuando llegamos mi madre no estaba, asi que me puse a prepar la cena, unos espaguetis con salchichas que siempre me quedaban muy bien. Mientras cocinaba, ella me miraba de una forma estraña, la verdad es que no entendia muy bien lo que estaba pasando, pero no me importó, era ella, y tenia que ver que pasaba.
Cenamos y charlamos distendidamente, y le ofrecí una cama en la que dormir.
-Puedes dormir aquí esta noche- le dije- las sabanas están limpias y el baño esta…
No pude seguir hablando, me besó de nuevo, me abrazo con fuerza, nuestros cuerpos eran uno, poco a poco la ropa empezó a sobrarnos, nos quedamos desnudos uno frente al otro contemplando nuestros cuerpos, su belleza era increíble, y la noche lo fue aun más.



martes, 26 de junio de 2012

Día 1





Todavía huele a verano. Aun así el sol ya no luce con toda su fuerza. Las nubes de tormenta se acercan. Y el húmedo olor del otoño se acerca. Me dirijo al lugar de siempre. Un día más en una vida que se a vuelto aburrida y monótona.

Camino media hora bajo el sol mientras me pregunto porque la vida es así. Mientras pienso observo a la gente en sus quehaceres habituales. Muchas personas están hablando y riendo en las terrazas de los bares del pueblo. La gente se divierte. La vida es divertida. Al menos para ellos.

Llego y abro la puerta. El sitio de siempre es un vagón de tren abandonado en la estación local. Allí nos reunimos. Todavía me pregunto porque.

Cuando llego todos están allí. Y están hablando de sus cosas, la madre de Axel lo ha castigado sin salir esta noche. Ni que fuera a salir. Y Susan se ha echado novio. Que sorpresa, es el quinto en el verano. Me quedo en una esquina para seguir pensando en mis cosas.

-Jack, ¿que pasa no piensas decir nada?- dijo Keny
-No hay nada que decir.

Por cierto me llamo Jack, llevo 17 años en este mundo, la mayoría de ellos preguntándome que pinto en el.
Soy el pequeño de la pandilla. Susan tiene 19 años, es morena alta y esbelta, quizás por eso tiene tantos novios, pero a pesar de ser buena persona no me cae del todo bien.
 Keny es un buen amigo de la infancia, tiene un año más que yo y es rubio, lleva una media melena, según el a lo Kurt Cobain.
 Axel es la oveja negra de la panda, sus padres siempre le están castigando porque lo pillan fumando lo que ellos creen que es  tabaco, que ingenuos, tiene 20 años y la cabeza casi rapada al completo, lo que no tiene es ni la ESO.

Siempre me pregunto que pinto aquí con ellos, y hoy no iba a ser distinto, me aburría como una ostra. Cogí una cerveza de la nevera portátil de Susan y salí a ver a la gente que montaba en los trenes.

A veces me divierto tratando de adivinar lo que hacen o lo que pretenden hacer. Un cincuentón barrigudo, con lo que parecen sus hijos y su mujer, seguro que se van a la playa, aunque sus hijos casi podrían ser sus nietos.

En eso llegó un tren en la estación, y entre todo el barullo de gente, alguien destacaba, era ella.