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jueves, 13 de febrero de 2014
Cuento 5: Las dudas de Phil
Phil se queda mirando la hoguera, la visión del fuego siempre le ha resultado fascinante. Las ondulantes llamas se reflejan en su compañera, tirada en el suelo cubierta por una piel de lobo algo quemada del fuego.
Phil la mira ahora, y se vuelve a mirar al hombre tendido en el suelo que es el padre de la joven.
Cuando se despierte se dará cuenta de lo sucedido y sufrirá, pensó para si mismo. En ese instante la joven movió de golpe una pierna, parecía tener pesadillas, o quizás delirios a causa de la enfermedad.
Phil la miró, y en su rostro se mosto ternura, aquella joven le gustaba, aunque el no se daba cuenta de sus propios sentimientos. Ella volvió a temblar.
Phil recordó como Kat lo abrazaba cuando el tenia pesadillas de pequeño, y se dispuso a hacer lo mismo. No sentía todavía sueño, a parte de las emociones había sido un día "tranquilo". Y aun apenas pasaban dos horas del mediodía. Aun así, se tumbo al lado de ella, se cubrió con la misma piel de lobo, y la abrazó.
Sarah cogió su brazo con sus manos y siguió dormida. Será mejor que duerma, la pesadilla llegara al despertarse.
Phil al que su vida la parecía vacía ahora que no tenia a Kat, se sintió de nuevo útil. Estaba cuidando de aquella joven, tenía una nueva razón para vivir, ademas ella había dicho estar sola, como el.
Podrían vivir juntos y cuidarse mutuamente. Esta idea sonó como un eco en su cabeza hasta que se desvaneció con una sacudida de su cabeza.
Todas aquellos a los que quiero me han dejado o les han echo daño por mi culpa, pensó para si. Quizás a esta chica le vaya mejor sola, la cuidare hasta que pueda valerse por si misma y después la abandonaré, será lo mejor. La idea de abandonarla no le gustaba, y le hizo sentir frió en el pecho. Pero que podía hacer, el sabe que hay gente buscándole para acabar con su vida, hacer que lo acompañe podría ser dictar su sentencia a muerte.
Phil se sintió confuso. Dentro de si dos fuerzas luchaban como titanes por decir que hacer con aquella chica. Incluso una de aquellas voces propuso matarla en algún momento. Voz que pronto fue callada por Phil.
Pasaban las horas, Phil empezó a sentirse cansado. Aquella pelea interna estaba siendo peor que muchas de sus batallas. Miró la cara de Sarah y sintió deseos de acariciarla. Casi sin querer su mano se acercó a la cara de esta. El reves de sus dedos pasó lentamente rozando su frente, su nariz y se detuvo al llegar a sus labios. Los acarició y sintió deseo.
Phil no entendía que pasaba, algo en sus entrañas se estaba moviendo. El era un joven que jamás había compartido media palabra con una muchacha de su especie. Todo esto era nuevo para el.
Se sintió avergonzado. Dejo de acariciarla, volvió a abrazarla, gesto que ella agradeció con un leve suspiro, y cerro sus ojos. Quizás mañana tendría las ideas mas claras.
martes, 11 de febrero de 2014
Cuento 4: Al calor del fuego
Vio un caldero vacó, parecida de latón, salió lo relleno de nieve y lo puso cerca del fuego.
Se volvió y miró a Sarah que se movía con leves espasmos y sudaba. Estaba enfermando por culpa de la falta de sangre y la mordedura del lobo. Phil rasgó uno de sus harapientos trapos y lo empapó en el agua fría de sus bolsas de cuero. Puso el trapo húmedo sobre la frente se Sarah como Kat hacia con el cuando enfermaba. En otro trapo coloco las ultimas flores de sangre y las aplasto sobre el, lo ungió en agua mas caliente del caldero lleno que tenía frente a la chimenea y le cubrió el brazo a Sarah con él.
Colocó ahora el baso cerca del fuego y espero a que hirviera mientras deshacía pequeños cachos de carne de lobo separando-lo de la piel. La piel parecía gruesa, podría usarla para taparse a la noche.
Colocó los trozos del animal en un plato de madera. Sería su única comida hoy.
El contenido del baso ya hervía lo separo del fuego y trato de enfriarlo a soplidos. Lo dejó reposar mientras de nuevo miraba a la joven, parecía estar debatiéndose entre la vida y la muerte. Humedeció de nuevo el trapo de su frente y lo volvió colocar sobre la misma.
El brebaje ya estaba bastante tibio debería despertarla obligarla a comer algo, darle el brebaje y rezar a los dioses para que sobreviviera a esa noche. Se sonrió al pensar en los dioses de los humanos, dioses en los que el no creía, ya que a penas se sentía humano. ¿Que dioses permitirían que un joven perdiera su única compañía en vida?
-Sarah...-Susurro a su oído- Sarah tiene que comer algo- dijo algo más alto- Sarah- la zarandeo un poco y finalmente abrió aquellos preciosos ojos verdes.
-¿Si?-respondió aturdida.
-Sarah debes comer algo ¿vale?La falta de sangre y la infección te mataran si no lo haces-dijo Phil mientras la sentaba a su lado.
-Vale.. pero no me encuentro muy bien...-Dijo de nuevo aturdida.
-Bebete esto- propuso Phil acercando el baso a su boca- Te sentirás mejor.
Ella dudo un instante, ¿Podía fiarse de aquel extraño? Bueno a fin de cuentas ¿que importaba? No le quedaba nadie en quien confiar. Bebió prácticamente de un solo trago el contenido del baso.
-Esta bastante bueno ¿que es?- inquirió-.
-Hojas de fesa, son buenas para el dolor te harán sentir mejor- respondió Phil- Toma hay carne de lobo, se que no es muy sabrosa pero tienes que comer. Ella asintió con la cabeza y juntos comieron al lado del fuego.
Los días eran muy cortos en la época de nieves, y a pesar de que no era mas de medio día a penas quedarían dos horas de luz y luego llegaría el frío intenso de la noche acompañado de una ventisca que ya hacia retumbar la estructura de madera de la casa con sus vientos.
Ambos comieron, tranquilos, sin mediar palabra, pronto el efecto de las hojas de fesa hizo que Sarah se durmiera. Phil la tapó con la piel de uno de los lobos. Y se quedó pensativo mirando el fuego. ¿Por que confiaba en ella? Era una humana aquellos que solo aparecían por sus tierras cuando querían acabar con su vida. Pero recordó la voz de Kat en su interior. "Tu eres uno de ellos Phil y tarde o temprano vivirás en su mundo y confiaras en ellos, no pienses que todos son como los que han intentado matarte, hay humanos buenos y malos como hay dia y noche."
Phil volvió a mirarla y sonrió levemente, aunque no fuera buena, ¿que mal podría hacerle? A fin de cuentas quizás no pasaría de esta noche.
Cuento 3. Sarah
Phil se acercó y observó desde lejos a los lobos, saco una flecha de su carcaj y la coloco sobre la cada vez mas tensa cuerda, la puso a la altura de su ojo y apuntó a uno de los lobos. La flecha voló por toda la habitación hasta acertar en el cuello del lobo el cual cayó al suelo entre chillidos. La sangre brotó a borbotones.
La joven gritó ahora más fuerte el segundo lobo se abalanzó sobre ella. Ella lo contenía como podía con su brazo sangrante entre las fauces de la bestia.
Phil cogió aire, con un movimiento casi automatizado saco la segunda flecha de su carcaj apuntó al segundo lobo y lo abatió atravesándole la cabeza.
La sangre de lobo encharcaba ahora el suelo rodeando a la muchacha que lloraba con su brazo mal herido.
-No, no estoy bien- respondió ella entre sollozos y con una mano apuntó a la otra esquina de la habitación en la que Phil vislumbró el cuerpo de un hombre rodeado de sangre que le manaba del cuello, aquellos lobos le había seccionado la yugular y habían acabado con su vida.
-Por el ya no puedo hacer nada... Pero ¿quien era?-Preguntó Phil con cierta frialdad.
-Era... era...- se echa a llorar inconsolablemente, algo se mueve en el interior de Phil, no es muy hábil con los sentimientos, el solo amaba a Kat, pero sin embargo entendió que era alguien importante para ella y se acercó a consolarla. La abrazó con sus brazos y observó como manaba sangre de la mordida que el lobo le había propiciado a la joven, el brazo no parecía roto, pero posiblemente los huesos estuvieran dañados.
Phil que se había criado en los bosques conocía bien los remedios contra las mordeduras de animales y contra el dolor, le puso uno de sus ropajes por encima y se dispuso a salir de la casa.
Ella lo miro con lagrimas en los ojos, unos ojos que también lo miraban con aprecio y sorpresa por verse salvada por aquel desconocido. Cuando ya estaba cerca de salir por la puerta, preguntó-¿Como se llama aquel al que le debo mi vida?-El miro hacia atrás y respondió con una voz más seca de lo que el pretendía,-No me debes nada, mi nombre es Phil- Y salió cerrando bruscamente la puerta y dejando tras de si los llantos de su nueva compañera.
Miró a su al rededor, el tiempo era cada vez peor, parecía que pronto llegaría una tormenta. No había tiempo que perder. Observó que no muy lejos manaba un riachuelo, se acerco a el rápidamente y empezó a escarbar entre la nieve, allí todavia con el manto gélido por encima florecían dos flores de sangre, llamadas así por su color rojizo y por sus propiedades como anti-coagulante y antibiótico. Recogió también algunas hojas de planta de fesa, por sus propiedades relajantes. Y volvió rápidamente en dirección a la casa. Una gran ventisca estaba por llegar, y no era buena idea quedarse fuera.
Cuando volvió se encontró a la joven dormida sobre el suelo, cuando se acercó y toco su frente vio que empezaba a estar caliente. Podría estar comenzando a extenderse la infección o podría ser por la perdida de sangre, Phil la cogió en brazos la acercó a la chimenea que había sobre la pared contraria a la puerta y encendió un fuego con su arco. Había leña seca apilada cerca a esta, suficiente para pasar allí al menos dos días, aunque el no pretendía estar allí tanto.
Tumbo a la joven cerca del fuego y la tapo con sus harapientas ropas de pieles que ahora servía de manta improvisada. Aplasto tres flores de sangre y las untó sobre sus heridas, ella abrió tímidamente los ojos, un preciosos ojos verdes todavía enrojecidos por el llanto y carentes de brillo por la pena. Parecía débil, su piel había perdido color. Ahora Phil la miró de otra forma, apenas había visto mujeres en su vida, pero esta le pareció bella, tenia unos labios carnosos y una nariz algo respingona y acabada casi en punta, le pareció gracioso los cambios que presentaba el genero opuesto, cosas que el apenas conocía.
-Yo me llamo Sarah- dijo con una sonrisa forzada y con lagrimas en los ojos.-Sarah...- y volvió a desmayarse.
Phil puso la cuarta flor de sangre bajo la lengua de Sarah y preparó una infusión con las hojas de fesa. También coloco a uno de los lobos sobre el fuego, no era carne muy sabrosa, pero ante la necesidad toda carne es buena.
lunes, 10 de febrero de 2014
Cuento 2: Olor a batalla (Re-edición)
Antor: - Mi señor, no deberíamos empezar una nueva guerra, las heridas del pasado todavía no han cicatrizado, el pueblo se muere de hambre en las calles no lo comprenderá.
-Calix- Por eso mismo mi bien querido Antor, en la mente de nuestros hombres todavía está el odio hacia el imperio, todavía recuerdan el olor a sangre y putrefacción de las batallas, es algo que debemos aprovechar, sus heridas todavía no están curadas, pero sus corazones todavía claman venganza por los caídos.
-Antor:- Pero mi señor, nuestras tropas están muy mermadas, jamas podremos vencerlas de este modo, deberíamos esperar a que los reinos de Dracos y Telepias decidan ayudarnos, estoy seguro de que podríamos llegar a un pacto y volver a luchar codo con codo...
-Calix- ¡Ahora eso poco importa!-interrumpió con un estruendo- Debemos de hacer tiempo, si no combatimos estaremos perdidos, el cielo se teñirá de sangre al igual que nuestras tierras, la sangre de nuestros hijos correrá por las calles bajo el yugo del imperio, y no podemos permitirlo. No me daré por vencido, venceremos o pereceremos en el intento.
-Calix- Por eso mismo mi bien querido Antor, en la mente de nuestros hombres todavía está el odio hacia el imperio, todavía recuerdan el olor a sangre y putrefacción de las batallas, es algo que debemos aprovechar, sus heridas todavía no están curadas, pero sus corazones todavía claman venganza por los caídos.
-Antor:- Pero mi señor, nuestras tropas están muy mermadas, jamas podremos vencerlas de este modo, deberíamos esperar a que los reinos de Dracos y Telepias decidan ayudarnos, estoy seguro de que podríamos llegar a un pacto y volver a luchar codo con codo...
-Calix- ¡Ahora eso poco importa!-interrumpió con un estruendo- Debemos de hacer tiempo, si no combatimos estaremos perdidos, el cielo se teñirá de sangre al igual que nuestras tierras, la sangre de nuestros hijos correrá por las calles bajo el yugo del imperio, y no podemos permitirlo. No me daré por vencido, venceremos o pereceremos en el intento.
Sus ojos tenían ahora un brillo distinto, un brillo apagado, las penas de la guerra todabia se mostraban en su rostro y ni siquiera la gran furia que sentía podía acallar el pesar de su corazón. Hizo una pausa para tragar esos amargos recuerdos con un gran trago de vino. Y prosiguió ahora de forma mas calmada.
-Calix-Los 3 reinos jamás volverán a unirse, nunca volveremos a luchar con quienes no podemos confiar.
-Calix-Los 3 reinos jamás volverán a unirse, nunca volveremos a luchar con quienes no podemos confiar.
-Antor:- Mi señor, que ejercito pretende utilizar, la mayoría murieron en la tercera de las grandes guerras, nuestra única posibilidad de victoria parte del pacto con los otros reinos...
-Calix- ¡Calla! No seas insolente- Vuelve a gritar golpeando la mesa con su copa- ¿acaso dudas de la valía de nuestros soldados?
-Antor- No mi señor, pero....
-Calix- ¡No dudes jamás de la valía de nuestros hombres!
De nuevo hizo una pausa, se calmó y empezó a cavilar mientras se mesaba su incipiente barba.
-Calix- Esperaremos al tiempo de lluvias, si para entonces los reinos de Dracos y Telepias se han decidido a luchar serán bien recibidos, si por el contrario siguen temiendo el poder del imperio, y no les importan las desgracias vividas en nuestro reino, le mostraremos al Imperio de Carsas de lo que somos capaces, y me vengare por la muerte de mis dos hijos y de mi Padre.
-Antor- De acuerdo mi señor, empezare a reclutar hombres, y enviare nuevos mensajeros a las tierras de Dracos y Telepias.
-Calix- ¡Antor! Venceremos, no debes dudar nunca de tus posibilidades o seras nuestro mayor enemigo
-Antor- De acuerdo mi señor, empezare a reclutar hombres, y enviare nuevos mensajeros a las tierras de Dracos y Telepias.
-Calix- ¡Antor! Venceremos, no debes dudar nunca de tus posibilidades o seras nuestro mayor enemigo
-Antor- Debería coronarse ya mi señor...
-Calix- La sangre de mi padre aún corre sobre el trono... con los tiempos que corren la coronación puede esperar.
-Antor- Como guste mi señor, partiré y acatare sus ordenes.
Mientras se iba Antor miró de reojo a Calix, este miraba ahora por la ventana pensativo. Era joven y bravo, pero parecía inteligente. Era un buen hombre alto y desgarbado, con una larga melena y algo que empezaba a ser una barba sobre su tez. Ojos claros y a veces algo inexpresivos. Su juventud aprecia marchitarse debido a las penas y a las cargas que caían ahora en sus hombros. En su rostro había una extraña mezcla entre temor y seguridad ante la victoria, Antor no lo entendía, pero a Antor no le pagaban por entender, sino por acatar ordenes.
(Original: junio 2012)
Cuento 1: El comienzo. (Reedición)

Amanece un nuevo día en el continente de Hasper, los rayos del sol rozan ya las colinas, cubiertas de una espesa capa de nieve, haciéndolas brillar con una luz un tanto mágica.. El invierno ha llegado y azota todo el continente con sus gélidas temperaturas y sus grandes nevadas.
Phil, nuestro protagonista, se despierta completamente agarrotado por el frio. Su cama de paja no ofrece gran protección a las tempestades de la noche, y mucho menos a sus bajas temperaturas. La noche a sido dura, hay una gran nevada, puede que haya casi medio metro de nieve en algunas zonas del claro en el que vive. Algo perezoso, y todavía somnoliento, recoge su arco y sus flechas de madera, algunas todavía tienen la punta de acero, otras ya la han perdido y han sido bien afiladas a mano, y se dispone a salir en busca de su desayuno. Se pone sus ropas de más abrigo, las pocas que tiene, y se dispone a salir a la intemperie, va a ser un día muy duro.
Duerme en un pajar debido a su extrema pobreza, sus padres le abandonaron cuando apenas contaba un año, sobrevivió milagrosamente amamantado por una gran Maka, un ser medio humano medio lobo, un ser en peligro de extinción, pero Kat, así se llamaba la Maka, murió hace ya dos meses. Algunos campesinos la mataron y quemaron, el pueblo es inculto y creen que los Maka son los culpables de su hambre y de comerse su ganado, cosa de la que bien se ocupan los lobos, Phil escapó de milagro.
Phil cuenta veinte primaveras a sus espaldas, empieza a ser todo un hombre, tiene marcas por todo el cuerpo, debido a peleas con animales salvajes y contra algún soldado imperial que intentó, inexplicablemente acabar con su vida, así como los propios campesinos que le habían herido gravemente en su hombro derecho mientras huía. Hoy es un día más en el que tendrá que volver a arriesgar su vida, a luchar contra la naturaleza para saciar su apetito.
Se siente desdichado, no tiene a nadie a su lado, Kat era lo más parecido a una madre que poseía. Por ello no teme morir, y tampoco le da ningún reparo matar.
Sale de su pajar y observa el campo totalmente cubierto de nieve. Hay una niebla muy densa que le impide ver más allá de 4 metros, aun así sale a cazar.
Se adentra en un denso bosque, dejando atrás de si irregulares pisadas debido a la dificultad de andar sobre la nieve. Es uno de los pocos bosques que todavía permanecen vivos en Hasper, la mayoría fueron quemados en la tercera gran guerra ocurrida hace unos 20 años, y todavía no se han recuperado.
Phil se empieza sentir sediento, así que coge su bolsa de cuero, la llena de nieve y se la acerca al pecho, en unos minutos se habrá derretido y podrá beber. Cuando se agacha para rellenar su segunda bolsa, encuentra una huella, parece de lobo
A Phil no le gustan los lobos, son animales agresivos y suelen atacar en manada; por suerte para el, las manadas están cada vez mas minadas debido a la escasez de presas.
-Puede que sea uno de esos malditos lobos por los que Kat murió- pensó para si mismo- Eso ahora no importa una presa es una presa, ademas tendré, que andarme con ojo.
Comenzó a seguir las huellas casi corriendo, todo lo que le permitían sus delgadas piernas y la gran cantidad de nieve que se amontonaba en el suelo. La ira le cegó, se olvido del hambre y de la sed, incluso de las heridas todavía a medio curar que tenia en el hombro derecho. Todo le daba igual, solo quería venganza, por culpa de esos lobos los campesinos morían de hambre, por culpa de esos lobos los campesinos habían matado a Kat y lo habían intentado también con el.
El sendero desembocó en un claro, un lugar que el nunca había visto, en el centro del claro había un río congelado y una casa medio destruida a su lado . Se acerca a la casa y empieza a oír ruidos. Parece que ahí dentro hay problemas. Los ruidos son cada vez más fuertes. Se oye un fuerte grito de mujer.
Cuando llega a la puerta se encuentra a una joven, de una edad parecida a la suya, tendida y llorando en el suelo, mientras dos lobos la cercan . Phil se dispone a atacar.
(Original: junio 2012)
martes, 12 de junio de 2012
Cuento 5-2. Final del duelo, un desconocido
A Phil le empezaron a temblar las piernas, el Likoln lo miraba con odio, su saliba caia en el suelo y derretia la nieve, tambien goteaba sangre por el ojo, una sangre muy oscura, a Phil casi le pareció marron.
De nuevo el Likoln fué al ataque, Phil apenas pudo esquivarlo y una de las garras le impactó en la cabeza, haciendo que la sangre brotara como si se tratara de una fuente, empezaba a verlo todo borroso.
Phil miró al cielo, estaba nublado, parecia que iba a nevar en breves instantes, pero poco importaba, sabía que de esta no salía sabia que era casi imposible vencerlo y que la muerte estaba proxima.
La esfera de Din comenzó a brillar, Phil la cogio en su mano y sintio el calor, un calor que solo Kat podía darle. Miró al Likoln a la cara y se dispuso a luchar.
Agarró su espada con las pocas fuerzas que le quedaban, y pensó "si muero, moriré peleando", se acercó corriendo hacia la bestia y le asesto un golpe, el Likoln lo esquivo y solo consiguio herirle levemente una pata. Phil calló al suelo desfallecido, estaba perdiendo mucha sangre y el cansacio se apoderaba de el. Desde el suelo blandió su espada y vió como el Likoln se acercaba a el casi corriendo.
La bestia se abalanzó con un enorme salto sobre él. Y derrepente se hizo el silencio. Phil lo habia parado con la espada, pero parecía insuficiente para haberlo detenido de esa manera.
De la cabeza del animal empezó a brotar sangre y este callo al suelo desplomado. Tenia una pequeña hacha incrustada en la cabeza.
Al fondo vio una figura, de algo que ser un humano, pero antes de distingirlo se desmayó y callo al suelo.
jueves, 7 de junio de 2012
Cuento 5: Se avecina un duelo
A la mañana siguiente ambos se levantan, se miran y sienten un poco de vergüenza al verse abrazados.
-Phil- Bue... Buenos días- Bostezando-
-Sarah-Buenos días Phil
-Phil- Antes de nada déjame ver tu pierna- la desvenda y observa detenidamente la herida- Parece estar bien -concluye finalmente.
-Sarah- ¿Si? lo cierto es que ya casi no me duele, esas hiervas que has utilizado son muy buenas.
-Phil- Si, Kat, me enseño a usarlas, Todavía debo buscar los frutos de Oz, con ellos volverás a andar en unos días.
-Sarah- Muchas gracias. Veo que as dejado la piel del lobo a secar, se me da muy bien la fabricación de prendas. Quizas pueda hacer algo.
-Phil- ¿En serio? Sería de gran ayuda, yo había pensado simplemente utilizarlo como manta.
-Sarah- Si, algo podre hacer pero hay muy poca cantidad, dudo que llegue para un abrigo... quizás seria mejor guardarla para más adelante, así podría hacerte una especie de armadura de lobo...
-Phil- Me parece una gran idea, la piel de estos lobos es bastante dura, me protegerá más que la ropa que llevo puesta.
-Sarah- Eso seguro. Mientras puedo empezar a hacerte las flechas, se las hacia a mi padre...
-Phil- Tranquila no es necesario
-Sarah- No, quiero sentirme útil, no quiero ser una carga.
-Phil- De acuerdo, ¿entonces decías que hay una espada detrás de la cabaña?
-Sarah- Si, ¿Por que?
-Phil- Se levanta- ya que voy por los frutos puedo intentar cazar algo para el desayuno, me quedan pocas flechas en buen estado, asi que debería de llevar la espada para protegerme...
-Sarah- Llévala, no hay problema, yo me pondré con las flechas, la madera de arce debería ser buena.
-Phil- Muchas gracias.
Phil sale de la casa, tiene un sentimiento extraño, quizás por ser el primer ser humano que ve en su vida, o quizás por que sea chica, se siente confundido.
Al llegar a la parte trasera de la casa, observa como en el interior de un baúl se encuentra el arma buscada, una espada larga, de un metro quizás algo más, pesa mucho y le cuesta blindarla -Me acostumbraré- pensó para si mismo. Parecía de buena calidad, era de un metal parecido al hierro pero sin embargo era más ligero, ademas era más brillante. Estaba perfectamente forjado a mano, el que lo hizo debía ser un buen artesano, estaba muy bien compensada, la empuñadura era muy cómoda, y , a pesar del peso, era bastante ágil en las manos de un buen espadachín.
Phil la cogió, y se dispuso a salir en búsqueda de los frutos de Oz. Comenzó su marcha cara el norte, mirando siempre con cuidado en cada esquina del camino por si se encontraba algún animal.
Cuando ya había andado una media hora sintió un ruido, sin pensarlo saco su arco y apunto justo a sus espaldas, donde encontró de nuevo a un lobo. Apenas le quedaban cinco flechas, no podía fallar. Pero lo peor estaba por llegar, de nuevo sintió otro ruido a sus espaldas, y allí estaban , dos lobos y un Likoln, una especie de lobo alfa, de un tamaño superior, ademas de una piel mucho más dura.
Phil reaccionó, lanzó rápidamente dos flechas sobre el primero de los lobos, solo le alcanzo con una, pero le atravesó el pecho y este comenzó a desangrarse rápidamente. -Uno menos - pensó, pero solo quedaban tres flechas y tres enemigos, los dos lobos se abalanzaron sobre él, a uno de ellos lo alcanzo con una flecha que lo detuvo en seco, le había atravesado la cabeza, pero había gastado otras dos flechas y el otro lobo se acercaba rápidamente, por suerte le dio tiempo a desenvainar el arma, y tras unos cuantos golpes fallidos, y un par de arañazos revividos, Phil dio un golpe certero rebanando la cabeza del lobo.
Todavía quedaba el Likoln, se acercó lentamente, gruñendo con fuerza y dejando caer su baba sobre la fría nieve.
Phil sabía que tenia pocas posibilidades, pero también sabia que no podía escapar, sacó de nuevo su arco y su última flecha, y apunto lo mejor posible hacia un puto blando del Likoln, sus grandes ojos. Disparó y por suerte le acertó en uno, pero la herida no era lo suficientemente grande para que el Likoln huyera, este comenzó a correr hacia Phil, que raudo se aparto hacia un lado y desenfundo su espada, sabía que un duelo complicado acababa de comenzar.
martes, 5 de junio de 2012
Cuento 4: Charlas de hoguera
Phil venda la pierna de Sarah con un trozo de sus vestiduras, recubriéndola antes de planta de Alehm, enciende una hoguera con los trozos de un par de mesas y sillas rotas, y acerca a Sarah asta la hoguera. Le da de beber de nuevo un poco de la infusión de planta de Alehm y esta recupera el conocimiento.
-Sarah- ¿Don... Dónde estoy? - muy mareada-
-Phil- Tranquila, estas en tu casa, te he despertado para que comas un poco, te hará falta.
-Sarah- Gracias... no hacia falta que prepararas carne por mi.
-Phil- Tranquila, también lo he echo por mi, todavía no había desayunado.
-Sarah- Bueno gracias te todas formas - se lleva un cacho de carne a la boca-
Durante la comida están muy callados, simplemente se observan, para Phil ver a una mujer es algo nuevo y no pierde detalle de sus características físicas, y Sarah comienza a ver a Phil con otros ojos, aparte de parecer un salvaje, tiene una melena rubia que le baja hasta media espalda, comienza a aparecer-le la barba y tiene unos ojos azules que dan un poco de miedo, ademas tiene cuerpo de hombre, se le ve bastante musculado y curtido en batalla, además tiene una cicatriz profunda pasándole por encima del ojo. Al acabar la comida, Phil pone al fuego la piel del lobo para secarla y mientras se disponen a hablar.
-Phil- Oye tienes el pecho muy inflamado ¿Quieres que te lo mire?
-Sarah- ¿¿Estas loco o que??
-Phil- ¿Acaso no es cierto que esta inflado? Mira -le toca un pecho-
-Sarah- ¡AHHH! -Lo abofetea- ni se te ocurra volver a tocarme.-
-Phil- Las mujeres sois muy agresivas, yo no entiendo nada.
-Sarah- ¿Y voy a tener que explicártelo todo?... Las mujeres somos distintas a los hombres, tenemos pechos y somos más delicadas.
-Phil- Pues podias habérmelo dicho antes- Protestó
-Sarah-¿No crees que tengo mejores cosas en las que pensar? Mis padres acaban de morir.
-Phil- Lo siento... es verdad... ya casi no me acordaba.
-Sarah- No pasa nada, (...)esos malditos lobos pagaran lo que han echo.
-Phil- ¿Buscas venganza?
-Sarah- Si, ¿acaso pretendes ayudarme?
-Phil- No es solo que... Yo voy a matar a todos esos malditos lobos por lo que le hicieron a Kat.
-Sarah- Pues entonces podíamos vengarnos juntos.
-Phil- Si quieres acompañarme no te lo impediré, pero antes tendremos que prepararnos.
-Sarah- Si, (...) dudo que pueda andar durante unos días.
-Phil- Tranquila, buscaré más hierba de Alehm y a ver si encuentro un poco de frutos de Oz.
-Sarah- Muchas gracias, eres un buen curandero...
-Phil- Me crió una Maka, son conocidas por sus artes curativas.
-Sarah- Si y ademas usas muy bien el arco
-Phil- Eso ya es cosa mía, siempre estoy entrenando con él, lo hice a partir de un tronco del arbol de diablo, por eso es tan certero, ademas tenia una espada forjada en hierro, pero unos bandidos se la llevaron.
-Sarah- Mi padre tenía una, estaba en la zona de atrás de la casa -Phil se levanta- ¡espera! no me dejes sola..
-Phil- ¿Acaso tienes miedo?
-Sarah- Yo... bueno... un poco... me gustaría tener un poco de compañía, lo estoy pasando mal.
-Phil- ¿Por lo de tus padres?
-Sarah- Si... -Se abraza a el y se echa a llorar-
-Phil- Oye yo... - Phil comienza a sentirse extraño... a fin y al cabo es la primera vez que está con una mujer.
-Sarah- Por favor no me sueltes- dice sollozando- tengo miedo de que vuelvan a por mi.
Mientras empieza a nevar de nuevo, y el sol empieza ya su ritual de retirada, en esta época la luz del día apenas dura unas horas. Sarah se queda dormida de nuevo y Phil se queda quieto abrazado a ella sin saber muy bien que hacer.
lunes, 4 de junio de 2012
Cuento 2: Olor a batalla.
Mientras tanto en las lejanas tierras de Agathor, el príncipe Calix prepara una nueva ofensiva contra el imperio de Carsas,.
Consejero Antor: -Calix mi señor, no deberiamos empezar una nueva guerra, las heridas del pasado todabia no se han curado.
-Calix- Por eso mismo mi querido Antor, en la mente de nuestros hombres todabia está el odio hacia el imperio, todabia recuerdan el olor a sangre y putrefaccion de las batallas, es algo que debemos aprobechar.
-Antor:- Pero mi señor, nuestras tropas estan muy mermadas, jamas podremos vencerles de este modo, deberiamos esperar a que los Dracos y las Telepias decidan ayudarnos, estoy seguro de que podríamos llegar a un pacto.
-Calix- Ahora eso poco importa, debemos de hacer tiempo, si descubren el secreto de la cueva de Ohms estaremos perdidos, el cielo se teñirá de un color sangre al igual que nuestras tierras, con la sangre de nuestros hijos, y no podemos permirtirlo. No me daré por vencido, venceremos cueste lo que cueste.
-Antor:- Mi señor, que ejercito pretende utilizar, la mayoria murieron en la tercera de las grandes guerras, nuestra unica posiblidad de victoria seria con los pactos con otros reynos...
-Calix- ¡Calla! No seas insolente, ¿acaso dudas de la valia de nuestros soldados?
-Antor- No mi señor, pero....
-Calix- ¡No dudes jamás de la valia de nuestros hombres! Esperaremos a la epoca de lluvias, si para entonces los Dracos y las Telepias se han decidido a luchar pues mejor, pero si no le mostraremos al Imperio de Carsas de lo que somos capaces, y me vengare por la muerte de mis dos hijos.
-Antor- De acuerdo mi señor, empezare a reclutar hombres, y enviare nuevos mensajeros a las tierras de Dracos y Telepias.
-Calix- ¡Antor! Venceremos, no dudes de la palabra de un principe.
-Antor- Deberia coronarse ya señor...
-Calix- No mientras el recuerdo de mi padre siga vivo.
domingo, 3 de junio de 2012
Cuento 1 : Toda Historia tiene un principio.
Amanece un nuevo día en el continente de Hasper, estamos en algún año de un siglo desconocido, es invierno, y el frío en esta época se pega en los huesos.
Phil, nuestro protagonista, se levanta de su cama de paja, la noche a sido dura, hay una gran nevada, coge su arco y sus flechas de madera y se dispone a buscar el desayuno. Duerme en un pajar debido a la pobreza, sus padres le abandonaron cuando apenas contaba un año, sobrevivió milagrosamente amamantado por una gran Maka, un ser medio humano, un ser en peligro de extinción, pero Kat (la maka), murió hace ya dos meses, cuatro hambrientos lobos la devoraron por completo, Phil escapó de milagro.
Phil cuenta dieciseis primaveras, empieza a ser todo un hombre, tiene marcas por todo el cuerpo, debido a peleas con animales salvajes y hoy es un día más en el que tendrá que volver a por ellos.
Se siente odiado por el universo, no tiene a nadie a su lado, Kat era lo más parecido a una madre o amiga que poseía, por ello no le da miedo morir, y tampoco le da ningún reparo matar. Sale de su pajar y observa como esta hoy el campo, hay mucha nieve, y el frío es poderoso, hay una niebla muy densa que le impide ver más allá de 4 metros, aun así sale a cazar.
Se adentra en un bosque denso, de esos que ya casi no quedan, la mayoría fueron quemados en la tercera gran guerra ocurrida hace unos 20 años, y todavía no se han recuperado. Phil empieza a sentir sed y bebe agua por medio de la nieve, pero cuando se agacha para coger un poco mas de esta, encuentra una huella, parece de lobo.-Puede que sea uno de esos malditos lobos que me quitó a Kat- pensó para si mismo- Lo pagará bien caro. Comenzó a seguir las huellas casi corriendo, todo lo que le permitían sus delgadas piernas y la gran cantidad depositada en el suelo. La ira le cegó, se olvido del hambre y de la sed, incluso de las heridas todavía a medio curar que tenia en el hombro derecho. Todo le daba igual, solo quería venganza, y o bien se vengaba, o moriría en el intento.
El sendero desembocó en un claro, un lugar que el nunca había visto, en el centro del claro había un río congelado y una casa medio destruida a su lado, para él ver una casa era algo nuevo, jamás había visto a otro ser humano, o al menos el no lo recordaba. Desde sus ocho años hacia atrás apenas era capaz de recordar nada, sus únicos recuerdos son con Kat. Se acerca a la casa y empieza a oír ruidos.
Según se acerca los ruidos son más fuertes. Se oye un fuerte grito de mujer.
Cuando llega a la puerta se encuentra a una adolescente, de una edad parecida a la suya llorando en el suelo, mientras un lobo trata de atacarla. Phil se dispone a impedirlo.
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